domingo, 17 de junio de 2018

El derecho y la fuerza: Trump versus Kim Jong un




Pyongyang muestra músculos a EEUU con gran maniobra con fuego real - - HispanTV.com

Domingo Núñez Polanco

Apropósito de la cumbre o encuentro del líder coreano Kim Jong un y el presidente Trump, me asalto el recuerdo de unas lecturas que hicimos, hace buen tiempo, del gran escritor y pensador Español Azorín, más bien José Martínez Ruiz. En su libro “El político” capitulo XV, pagina 45 con el título “El derecho y la fuerza” dice el pensador español: “No de el político en la candidez de creer en la famosa distinción entre el derecho y la fuerza. No hay más que una cosa: fuerza. Lo que es fuerte, es lo que es de derecho. La fuerza hincha y llenas cosas e ideas; estas cosas e ideas, mientras están animadas de esta poderosa y misteriosa vitalidad, son las que dominan…"  En este juego consolador vive la humanidad; se proclama el derecho, se grita por la justicia, pero en el fondo solo hay una cosa: fuerza.


En este mismo texto, el sabio de Azorín, recuerda el caso conocidísimo de Cisneros. “comisionaron… al conde de Priego para que fuese a verle (a Cisneros) y le pidiese explicaciones sobre el derecho con que se había alzado con el poder… El cardenal era n hombre de flema y de humor. Dejo hablar cuanto quiso al conde de Priego; luego sacole a un balcón del palacio. Desde allí se veían formados los cañones. Mando a cargarlos el cardenal y pegarles fuego; los estampidos llenaron el aire. Entonces el gran cardenal se volvió hacia su reclamante y dijo: “Esos son los poderes que tengo” 
Fue eso lo que hizo y no otra cosa el líder de Corea del Norte Kim Jong-un. Fue tan contundente su demostración de poder que EEUU se sintió preocupado por su defensa ante un ataque nuclear norcoreano. Es tan así que almirante Harry Harris, jefe del Comando del Pacífico (USPACOM, por sus siglas en inglés), advirtió al Congreso de EE.UU. “que cualquier ataque de la Armada norteamericana contra Corea del Norte conllevaría una respuesta desmedida por parte de Pyongyang contra el suelo estadounidense. Advierte al Congreso de que EE.UU.  coloque un sistema defensivo en el territorio estadounidense ante una posible represalia de Pyongyang”. Por ello, instó a los legisladores a que aprueben el despliegue de sistemas defensivos de interceptores de misiles balísticos en los estados de Alaska, California y Hawái, y al mismo tiempo, el inmediato reforzamiento de los radares detectores de ataques aéreos. 

En este contexto, el almirante Harry Harris, jefe del Comando del Pacífico precisó al departamento estadounidense de Defensa (el Pentágono) que debe medir bien sus actos, ya que, si da un paso en falso y no mide bien la respuesta militar de Corea del Norte, podría enfrentarse a consecuencias muy devastadoras. 




Esa muestra de musculo, de fuerza que mostro Pyongyang, fueron razones más que suficiente para que el pentágono permitiera al despotricador de Trump concertar la cita con Kim Jong un en Singapur el pasado 12 de junio 2018.



sábado, 16 de junio de 2018

Muertos olvidados en la República Dominicana



Cada año cientos de personas que fallecen en los hospitales dominicanos no son reclamados por sus familiares. Se trata de un drama social y humano que mayormente tiene como víctimas a desamparados y enajenados mentales.

Estos cadáveres que yacen en la morgue del Hospital Dr. Francisco Moscoso Puello, en Santo Domingo, la capital dominicana, no tienen quien llore por ellos. Forman parte de unas estadísticas no precisadas de personas que fallecen en los centros hospitalarios del país y nunca son reclamados por algún familiar o allegado y que además representa un costo elevado para los centros hospitalarios donde se registran estos decesos.

En la mayoría de los casos se trata de personas de avanzada edad y casi siempre con algún tipo de trastorno mental.

Estas personas llegan a los hospitales en condiciones bastante precarias, sin seguro médico ni un pariente que vele por ellos; bajo estas circunstancias el centro tiene que hacerse cargo de todos los gastos médicos y del proceso que corresponde cuando se produce el fallecimiento.

En el tema de estos muertos olvidados se presentan todo tipo de circunstancias, como el hecho de que realmente el fallecido no tenga contacto con ningún familiar o que si lo tiene, estos prefieran desentenderse al enterarse del deceso.

Cada año se registran cientos de casos de cadáveres olvidados, por ejemplo en 2017 solo el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) reportó el levantamiento de 6 mil 611 cadáveres de los cuales 146 nunca fueron reclamados.

La cruda realidad en el caso de estos difuntos es que nunca fueron importantes para alguien mientras permanecieron con vida y mucho menos al momento de abandonar este mundo.

Al igual que como cualquier persona que fallece, el destino final de estos cadáveres olvidados será el nicho de algún cementerio del país, con la diferencia que en su caso ningún familiar vendrá a llorar o colocarle un ramo de flores.

Stephanie Andújar, Santo Domingo.

mhn/rha/hnb

jueves, 14 de junio de 2018

Análisis internacional de alta política Sobre EEUU



¿Guerra económica o «guerra absoluta»?
por Jean-Claude Paye

Basándose en la Estrategia de Seguridad Nacional de Donald Trump, Jean-Claude Paye aborda nuevamente la articulación de las políticas económica y militar de la Casa Blanca. El autor analiza la oposición entre dos paradigmas económicos: uno de ellos promueve la globalización del capital y cuenta con el apoyo del Partido Demócrata, el otro opta por la industrialización de Estados Unidos y es el que Donald Trump está tratando de aplicar, con apoyo de un sector de los republicanos. El primer paradigma conlleva a eliminar todo obstáculo recurriendo a la guerra. El segundo utiliza la amenaza de guerra para reequilibrar los intercambios en función de un punto de vista nacional.
RED VOLTAIRE | BRUSELAS (BÉLGICA) | 9 DE JUNIO DE 2018





En 2001, afirmando que se trataba de responder a los atentados del 11 de septiembre, el presidente George W. Bush inicia una «larga guerra» contra el «Medio Oriente ampliado». Esa guerra prosigue hoy –17 años después– en Siria y en Yemen. Su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, teoriza el concepto de guerra total, principalmente aboliendo la distinción entre «civiles» y «militares».

En nuestro texto anterior, «Imperialismo contra ultramperialismo» [1], sosteníamos que, al desindustrializar el país, el superimperialismo estadounidense había debilitado el poderío de Estados Unidos como nación. El proyecto inicial de la administración Trump era proceder a una reconstrucción económica sobre una base proteccionista.

Dos bandos se enfrentan, el bando portador de una renovación económica de Estados Unidos y el que favorece una conflictualidad militar cada vez más abierta, opción que parece impulsada principalmente por el Partido Demócrata. La lucha entre los demócratas y la mayoría de los republicanos puede interpretarse entonces como un conflicto entre dos tendencias del capitalismo estadounidense, la tendencia portadora de la globalización del capital y la que predica una reactivación del desarrollo industrial en un país en declive económico.

Para la administración Trump es prioritario el restablecimiento de la competitividad de la economía estadounidense. La voluntad de esta administración de instalar un nuevo proteccionismo debe verse como un acto político, como una ruptura en el proceso de globalización del capital, o sea como una decisión de excepción, en el sentido que explicó Carl Schmitt: «es soberano quien decide la situación excepcional» [2]. En este caso, la decisión aparece como un intento de romper con la norma de la transnacionalización del capital, como un acto de restablecimiento de la soberanía nacional estadounidense ante la estructura imperial organizada alrededor de Estados Unidos.
Regreso de lo político

El intento de la administración Trump se plantea como una excepción ante la globalización del capitalismo. Se muestra como un intento de restablecer el predominio de lo político, por haber quedado demostrado que Estados Unidos ya no es la superpotencia económica y militar cuyos intereses se confunden con la internacionalización del capital.

El regreso de lo político se traduce primeramente en la voluntad de aplicar una política económica nacional, de fortalecer la actividad en territorio estadounidense gracias a una reforma fiscal destinada a reinstaurar los términos del intercambio entre Estados Unidos y sus competidores. Actualmente, esos términos se han degradado netamente en desfavor de Estados Unidos. El déficit comercial global de Estados Unidos llegó a 12,1% y se eleva a 566 000 millones de dólares. Al sustraer el excedente que el país obtiene en los servicios, para concentrarnos únicamente en los intercambios de bienes, el saldo negativo alcanza incluso 796 100 millones de dólares. Por supuesto, el déficit más impresionante se registra en el intercambio con China: en 2017 alcanzó el nivel record de 375 200 millones de dólares, sólo en bienes [3].

La lucha contra el déficit del comercio exterior sigue siendo un tema central en la política económica de la administración estadounidense.

Al haber rechazado el Congreso su reforma económica fundamental, la Border Adjusment Tax [4], que debía promover una reactivación económica mediante una política proteccionista, la administración trata de reequilibrar los intercambios caso por caso, mediante acciones bilaterales, presionando a sus diferentes socios económicos, principalmente a China, para que reduzcan sus exportaciones hacia Estados Unidos y aumenten sus importaciones de mercancías estadounidenses. Para lograrlo, acaban de realizarse importantes negociaciones. El 20 de mayo, Washington y Pekín anunciaron un acuerdo destinado a reducir significativamente el déficit comercial de Estados Unidos en relación con China [5]. La administración Trump reclamaba una reducción de 200 000 millones de dólares del excedente comercial chino y una fuerte reducción de los derechos de aduana. Trump había amenazado con imponer derechos de aduana por 150 000 millones de dólares a las importaciones de productos chinos y China tenía intenciones de responder gravando las exportaciones estadounidenses, principalmente la soya y el sector de la aeronáutica.
Oposición estratégica entre demócratas y republicanos

Globalmente, la oposición entre la mayoría del Partido Republicano y los demócratas reside en el antagonismo de dos visiones estratégicas diferentes, tanto en el plano económico como en el militar. Ambos aspectos están íntimamente vinculados.

Para la administración Trump la rectificación económica es un tema central. La cuestión militar se plantea en términos de respaldo a una política económica proteccionista, como momento táctico de una estrategia de desarrollo económico. Esta táctica consiste en desarrollar conflictos locales, destinados a frenar el desarrollo de las naciones competidoras, y a hacer fracasar proyectos globales contrarios a la estructura imperial estadounidense, como –por ejemplo– el de la Ruta de la Seda, una serie de “corredores” ferroviarios y marítimos que conectarían China con Europa, un proyecto que contaría con la participación de Rusia.

En esta táctica de la administración Trump, los niveles económico y militar están estrechamente vinculados, pero –al contrario de la posición de los demócratas– no se mezclan. La finalidad económica no se confunde con los medios militares desplegados. El redespliegue económico de la nación estadounidense es, en este caso, la condición que permite evitar, o al menos posponer, un conflicto global. La posibilidad de desencadenar una guerra total se convierte en un medio de presión destinado a imponer las nuevas condiciones estadounidenses de los términos del intercambio con los socios económicos. La alternativa que se ofrece a los competidores es permitir a Estados Unidos reconstituir sus capacidades ofensivas al nivel de las fuerzas productivas o verse implicado rápidamente en una guerra total.

La distinción, entre objetivos y medios, entre presente y futuro, desaparece en la acción de los demócratas. Esta mezcla los momentos estratégico y táctico. La fusión de esos dos aspectos es característica de la «guerra absoluta», de una guerra carente de todo control político, que obedece sólo a sus propias leyes, las del «ascenso a los extremos».


El 18 de febrero de 1943, Josef Goebbels proclama la «guerra total», en el Palacio de Deportes de Berlín. Ante los reveses militares, como la derrota de Stalingrado, todas las fuerzas de la nación alemana, sin excepción alguna, deben ponerse en función de derrotar el bolchevismo, portador de la dictadura judía.
¿Hacia una guerra «absoluta»?

La capacidad del Partido Demócrata para bloquear un redespegue interno en Estados Unidos tiene por consecuencia que si Estados Unidos renuncia a desarrollarse le quedaría como único objetivo el de impedir por todos los medios –incluyendo la guerra– que sus competidores y adversarios puedan hacerlo. Sin embargo, el escenario ya no es el de las guerras limitadas de los tiempos de Bush o de Obama, o sea el de una agresión contra potencias medias ya debilitadas –como Irak– sino más bien el de la «guerra total», tal como la concibió el teórico alemán Carl Schmitt, o sea el de un conflicto que provoca una completa movilización de los recursos económicos y sociales del país, como los conflictos que abarcaron los periodos de 1914-1918 y de 1940-1945.

Pero la guerra total, debido a la existencia del arma nuclear, puede adquirir ahora una nueva dimensión, que corresponde a la noción –desarrollada por Clausewitz– de «guerra absoluta».

Según Clausewitz, la «guerra absoluta» es la guerra conforme a su concepto. Es la voluntad abstracta de destruir al enemigo, mientras que la «guerra real» [6] es la lucha en su realización concreta y su utilización limitada de la violencia. Clausewitz oponía esas dos nociones ya que el «ascenso a los extremos», característico de la guerra absoluta, no podía pasar de ser una idea abstracta, utilizada como referencia para evaluar las guerras concretas. En el marco de un conflicto nuclear, la guerra real se hace conforme a su concepto. La «guerra absoluta» abandona su estatus de abstracción normativa para convertirse en una realidad concreta.

De esa manera, como categoría de una sociedad capitalista desarrollada, la abstracción de la guerra absoluta funciona concretamente, se transforma en una «abstracción real» [7], o sea una abstracción que ya no pertenece sólo al proceso de pensamiento sino que resulta también del proceso real de la sociedad capitalista [8].
La «guerra absoluta» como «abstracción real»

Como señala el fenomenólogo marxista italiano Enzo Paci,


«la característica fundamental del capitalismo… reside en su tendencia a hacer existir categorías abstractas como categorías concretas» [9].

Es por eso que, en 1857, Marx ya escribía en sus Grundrisse(Elementos fundamentales para la crítica de la economía política) que


«las abstracciones más generales no nacen más que con el desarrollo concreto más rico».

Ese proceso de abstracción de lo real existe no sólo a través de las categorías de la «crítica de la economía política», tal y como las desarrolló Marx, como la de «trabajo abstracto» sino que trata sobre el conjunto de la evolución de la sociedad capitalista. La noción de «guerra absoluta» sale así, a través de las relaciones políticas y sociales contemporáneas, del terreno de la abstracción única del pensamiento para convertirse también en una categoría que adquiere una existencia real. Deja de tener sólo una función de horizonte teórico, como «concreción de pensamiento», para convertirse en un real concreto. La guerra absoluta deja de ser entonces un simple horizonte, un límite conceptual, para convertirse en un modo de existencia, en una forma posible, efectiva, de la hostilidad entre las naciones.

En un artículo de 1937, titulado «Enemigo total, guerra total y Estado total» [10], Carl Schmitt ya sugiere que las evoluciones técnicas y políticas contemporáneas identifiquen la realidad de la guerra con la idea misma de la hostilidad. Esa identificación conduce a un ascenso de los antagonismos y culmina en el «impulso hacia el extremo» de la violencia. Eso quiere decir implícitamente que la «guerra real» entra entonces en conformidad con su concepto, que la «guerra absoluta» sale de su estatus de abstracción normativa para concretarse bajo la forma de «guerra total».

En ese momento se invierte la relación entre la guerra y la política. La guerra deja de ser, como explicaba Clausewitz, caracterizando con ello su propia época histórica, la más alta forma de la política y su culminación momentánea. Al convertirse en guerra absoluta, la guerra total escapa a todo cálculo político y al control del Estado. Ya no se somete más que a su propia lógica, «obedece sólo a su propia gramática», la del impulso hacia los extremos [11]. O sea, después de iniciada, la guerra nuclear escapa al punto final que la decisión política pudiese ponerle, exactamente de la misma manera como la globalización del capital escapa al control del Estado nacional, de las organizaciones supranacionales y más generalmente a toda 

forma de regulación

.

Para Donald Trump, las fuerzas armadas de Estados Unidos no están ahí para acabar con los Estados que –por decisión propia o por necesidad– optan por no participar en la globalización del capital. Estima que están más bien para amenazar a cualquier potencia que frene la reindustrialización estadounidense.
¿De la «guerra contra el terrorismo» 
a la «guerra absoluta»?

El 19 de enero de 2018, hablando en la Universidad Johns Hopkins, en Maryland, el secretario de Defensa de la administración Trump, James Mattis, reveló una nueva estrategia de defensa nacional basada en la posibilidad de un enfrentamiento militar directo entre Estados Unidos, Rusia y China [12]. Mattis señaló que se trataba de un cambio histórico en relación con la estragia en vigot desde hace más de 2 décadas, la estrategia de la guerra contra el terrorismo. Y precisó:


«La competencia entre las grandes potencias –no el terrorismo– es ahora el principal objetivo de la seguridad nacional estadounidense.»

Se entregó a la prensa un documento desclasificado de 11 páginas, donde se describe la Estrategia de Defensa Nacional en terminos generales [13]. Pero el Congreso recibió una versión confidencial, más larga, de ese documento, versión que incluye las proposiciones detalladas del Pentágono para un incremento masivo de los gastos militares [14]. La Casa Blanca pide un incremento de 54 000 millones de dólares para el presupuesto militar y lo justifica con el hecho que «hoy estamos en un periodo de atrofia estratégica, conscientes del hecho que nuestra ventaja militar competitiva se ha desgastado» [15]. El documento prosigue de la siguiente manera: «El poderío nuclear –la modernización de la fuerza de ataque nuclear implica el desarrollo de opciones capaces de contrarrestar las estrategias coercitivas de los competidores, basadas en la amenaza de recurrir a ataques estratégicos nucleares o no nucleares.»

Para la administración Trump ha terminado la postguerra fría. Han quedado atrás los tiempos en que Estados Unidos podía desplegar sus fuerzas cuando quería, intervenir como quería. «Actualmente, todos los sectores están en disputa: el cielo, la tierra, el mar, el espacio y el ciberespacio» [16].
«Guerra absoluta» o guerra económica

La posibilidad de una guerra de Estados Unidos contra Rusia y China, o sea del desencadenamiento de una guerra absoluta, es parte de las hipótesis estratégicas, tanto en la administración estadounidense como entre los analistas rusos y chinos. Esa facultad aparece como la matriz que subyace y hace legible la política exterior y las operaciones militares de esos países –por ejemplo, la extrema prudencia de Rusia, una contención que puede parecer indecisión o renuncia, en relación con las provocaciones estadounidenses en Siria. La dificultad de la posición rusa no procede tanto de sus propias divisiones internas, de la correlación de fuerzas entre la tendencia globalista y la tendencia nacionalista dentro de ese país, como de las divisiones internas existentes en Estados Unidos, una que es favorable a la guerra económica mientras que la otra puede llevar a la guerra nuclear. La articulación entre amenazas militares y nuevas negociaciones económicas son realmente dos aspectos de la nueva «política de defensa» estadounidense.

Sin embargo, Elibrige Colby, asistente del secretario de Defensa, ha afirmado que a pesar de que el discurso de Mattis subraya claramente la rivalidad con China y Rusia, la administración Trump quiere «seguir buscando zonas de cooperación con esas naciones». Colby decía:


«No se trata de una confrontación. Es una forma estratégica de reconocer la realidad de la competencia y la importancia del hecho que “las cercas correctas mantienen la amistad”.» [17].

Esa política, que predica el restablecimiento de fronteras, contradice frontalmente la visión imperial estadounidense. Muy bien resumida por el Washington Post, esa visión imperial plantea una alternativa: el mantenimiento de un Imperio estadounidense «garante de la paz mundial» o la guerra total.

Esta visión se opone al restablecimiento de hegemonías regionales, o sea al regreso a un mundo multipolar cuyo resultado –según dicen– «sería la próxima guerra mundial» [18].



[1] «En Estados Unidos, imperialismo contra ultraimperialismo», por Jean-Claude Paye, Red Voltaire, 3 de junio de 2018.

[2] Carl Schmitt, Théologie politique I, trad J.-L. Schiegel, París, Gallimard, 1988, p. 16.

[3] «Les Etats-Unis de Donald Trump enregistrent leur plus gros déficit commercial depuis 2008 », Marie de Vergès, Le Monde économie, 7 de febrero de 2018.

[4] «En Estados Unidos, imperialismo contra ultraimperialismo», por Jean-Claude Paye, Red Voltaire, 3 de junio de 2018.

[5] «Washington et Pékin écartent pour l’heure une guerre commerciale», La Libre et AFP, 20 de mayo de 2018.

[6] Ver C. von Clausewitz, De la guerre, p. 66-67 y p. 671 y siguientes, y C. Schmitt, Totaler Feind, totaler Krieg, totaler Staat, p. 268: «Siempre hubo guerras totales, pero sólo existe un pensamiento de la guerra total desde Clausewitz, quien habla de “guerra abstracta” o de “guerra absoluta”.»

[7] Ver Emmanuel Tuschscherer, «Le décisionisme de Carl Schmitt: théorie et rhétorique de la guerre», Mots. Les langages du politique, publicado en internet el 9 de octubre de 2008.

[8] «Le fantasme de l’abstraction réelle» Alberto Toscano, Revue période, febrero de 2008.

[9] Enzo Paci, Il filosofo e la citta, Platone, Whitebread, Marx, ediciones Veca, Milán, Il Saggitario, 1979, pp. 160-161.

[10] C. Schmitt, «Totaler Feind, totaler Krieg, totaler Staat», in Positionen und Begriffe, Berlín, Duncker und Humblot, p. 268-273, ver la nota 1 in Emmanuel Tuschscherer, «Le décisionisme de Carl Schmitt: théorie et rhétorique de la guerre», op.cit., p. 15.

[11] Bernard Pénisson, Clausewitz un stratège pour le XXIe siècle?, conferencia en el Institut Jacques Cartier, 17 de noviembre de 2008.

[12] “Remarks by James Mattis on the National Defense Strategy”, por James Mattis, Voltaire Network, 19 de enero de 2018.


[14] National Defense Strategy of The United State of America, The President of The United States of America, 18 de diciembre de 2017. Ver nuestro análisis, «La estrategia militar de Donald Trump», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 26 de diciembre de 2017.

[15] Mara Karlin, «How to read the 2018 National Defense Strategy», Brookings, 21 de enero de 2018.

[16] Fyodor Lukyanov, «Trump’s defense strategy is perfect for Russia», The Washington Post, 23 de enero de 2018.


[18] «The next war. The growing danger of great-power conflict», The Economist, 25 de enero de 2018.

martes, 12 de junio de 2018

Corrupción y las elites políticas


Por Marco A.Gandásegui hijo*

Los gobiernos (o regímenes) se tambalean por causas internas. A menudo estas son abanicadas por intereses de otros países, especialmente potencias militares. Al contrario, también están los casos de gobiernos apoyados por potencias extranjeras que no logran sostenerse y caen estrepitosamente. (Casos de Batista en Cuba, 1959, y Somoza en Nicaragua, 1979, entre otros).
Quizás el elemento que se asocia más con el desmoronamiento de un régimen es la corrupción. Quienes ocupan el poder, una vez asociados a ésta, se deslegitiman y pierden toda base de apoyo para sostenerse.
Quienes han escrito sobre el tema  tienden a relacionar el problema con tres causas. Por un lado, señalan equívocamente que es propio de la ‘naturaleza humana’. En otras palabras: así somos y no hay nada que pueda corregirlo. Por el otro,  aseguran, es una desviación en la conducta de quienes vivimos en sociedades que rechazan normalmente  este tipo de comportamiento. Un planteamiento sin fundamento.
Por último, hay quienes argumentan que la corrupción es el resultado del sistema en que vivimos y su necesidad de reproducirse.
Mario Unda, sociólogo ecuatoriano, señala que el sistema económico en el cual vivimos es corrupto por definición y apunta cinco causas de corrupción asociadas a la economía. Primero, el enriquecimiento mediante sobornos en “un período de recambio de elites políticos”. Popularmente se habla de ‘los nuevos ricos’. Segundo, se puede hablar de los ‘ricos’ tradicionales que corrompen todo lo que encuentran a su alrededor. La riqueza generada queda en manos de la empresa que corrompe (mediante los sobreprecios) y ‘la coima va al funcionario’.
En tercer lugar: “cuando una empresa paga un soborno para obtener un contrato, ese pago se convierte en una inversión destinada a desplazar y sacar del juego a sus competidores”. Cuarto, “la corrupción es uno de los mecanismos de la afirmación y reproducción de las relaciones de dependencia”. En quinto lugar, “es uno de los mecanismos más recurridos para asegurar el reparto del plus valor social entre el Estado y el capital privado”.
Es igualmente importante entenderla como un arma política. Mantiene unida a la elite de la sociedad, la cual controla los medios de poder que van desde el gobierno, los aparatos represivos (policía y militares), el sistema educativo, los medios de comunicación y las iglesias.
Según Unda, la función política de la corrupción “está relacionada con la formación, la ampliación y la reproducción de las elites políticas en la medida en que permite o facilita el establecimiento y el mantenimiento de redes verticales y horizontales que necesariamente se encuentran como sustrato de cualquier elite política”.
En su funcionamiento se mezclan con relaciones de clientela que ofician como intermediarias para el intercambio de beneficios (como el empleo, por ejemplo) por respaldo político. En conjunto con otros mecanismos (mejora de salarios, etc.) permite “que la nueva elite se levante sobre su antigua posición social y adquiera nuevas posiciones de privilegio”.
Bien miradas las cosas -puntualiza el sociólogo ecuatoriano-, la corrupción es un mecanismo de mucha utilidad en el establecimiento de las relaciones de cercanía cotidiana que se requieren para la estabilización del bloque en el poder. Se trata de la presencia de lazos invisibles a los ojos del común de los mortales.
Otra de sus funciones políticas es prestarse a ser usada prácticamente en cualquier momento por cualquier actor interesado. En tanto arma ampliamente disponible, ofrece -en momentos de crisis- chivos expiatorios fácilmente identificables por la ira popular.
La corrupción es parte de la lucha entre capitalistas y entre estos y otros sectores de la sociedad por apropiarse de las riquezas que se producen en una sociedad. En el caso de Panamá, es obvio que la enorme riqueza que generaron los Tratados del Canal (Torrijos-Carter) de 1977, desató una lucha entre los sectores productivos y rentistas del capital por el control de los aparatos de gobierno (represión y reproducción).
Cuando el Canal de Panamá se traspasó al Estado panameño en el año 2000, la corrupción se hizo exponencial. Sin controles ni regulaciones, se convirtió en la herramienta para definir nuevas alianzas entre los sectores dominantes. Los partidos políticos son las máscaras que utilizan para presentarse en público y celebrar elecciones.
El bloque en el poder (como lo llama Unda) en Panamá ya no es el mismo que hace 25 años. ¿Podrá sostenerse o caerá des-legitimado?
ag/mg

*Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA.

domingo, 10 de junio de 2018

Revelan el principal peligro de las toallas de cocina

El implemento que, se supone, debería colaborar con la limpieza, en realidad puede hacer todo lo contrario.

Revelan el principal peligro de las toallas de cocina
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Las toallas de cocina podrían contribuir al crecimiento de patógenos responsables de causar intoxicación alimentaria, advierten investigadores de la Universidad de Mauricio en un nuevo estudio presentado en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Microbiología.
El riesgo, según los científicos, varía de acuerdo a factores como el tamaño de la familia, el tipo de dieta y el uso de múltiples toallas. Para llegar a esta conclusión, recolectaron 100 unidades —entre paños de uso múltiple y toallas desechables— que fueron utilizadas durante un mes, y luego analizados en cuanto a cantidad y tipos de bacterias presentes en su superficie.
Los investigadores encontraron crecimiento bacteriano en el 49% de las toallas, y observaron que incrementaban en número en familias más numerosas y con presencia de niños. Notaron además que las toallas multiuso presentaban una mayor cuenta bacteriana que las de un solo uso, y las húmedas más bacterias que las secas.
En cuanto a los tipos de bacterias, las toallas infectadas presentaron enterococos (el 36,7%) —de alto nivel de resistencia antibiótica—, coliformes (el 36,7%), y estafilococos áureos (el 14,3%). Esos dos últimos tipos, causantes de infecciones intestinales generalmente graves, se encontraron en mayor cantidad en familias con dietas no vegetarianas.
"Los datos indicaron que las prácticas antihigiénicas al manipular alimentos no vegetarianos podrían ser comunes en la cocina", indicó la doctora Biranjia-Hurdoyal, autora principal del estudio, en un comunicado citado por EurekAlert!.